No hay gatos gordos… sino gatos que necesitan cariño

Reproducimos un artículo aparecido en El País el pasado 9 de abril, de Carolina Pinedo, que trata sobre la sobrealimentación de nuestros amados felinos. ¿Es posible que malinterpretemos el comportamiento de nuestro gato y pensemos que tiene hambre cuando lo que quiere es jugar o cariño?

Garfield existe y usted lo conoce. Ese felino gordo, normalmente esterilizado, que ocupa la mitad de un sofá que nunca abandona y no conoce el mundo más allá del alféizar de la ventana, en el que ya no cabe. Entre un 20 y un 30% de los gatos domésticos son obesos, según el Grupo de Estudio de Medicina Felina de España(GEMFE), lo que les puede provocar problemas graves de salud, como diabetes o artrosis. Pero, además, intentar que se desprendan de esos kilos de más puede hacer que se estresen, se frustren y cambien su comportamiento hasta que se adapten a las nuevas normas.

“Esta tendencia al sobrepeso felino es habitual, porque sobrealimentamos a nuestros gatos. Malinterpretamos sus señales comunicativas y cedemos ante su insistencia de demanda de comida. En realidad, sus miaus frente al plato con cara suplicante sonuna llamada de atención a sus dueños, porque se aburren o porque, simplemente, lo hacen a la misma hora todos los días. No tiene por qué significar que tengan hambre”, explica Marco Villén, etólogo y miembro de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (AVEPA).

Al igual que podemos confundir el hambre con su necesidad de mimos, podemos confundir el cambio de conducta del felino, cuando lo ponemos a dieta, con la pérdida del amor que nos profesaba. “Sus sentimientos no cambian porque modifiquemos sus hábitos alimenticios”, asegura Raquel Sierro, secretaria de la Asociación Felina Española (ASFE) y dueña de varios gatos. Lo corroboran científicos de la Universidad norteamericana de Cornell en un estudio sobre el comportamiento de 48 gatos con sobrepeso a los que se puso a dieta durante ocho semanas. Los resultados revelan que los felinos se mostraron igual o más afectuosos con sus dueños que antes de cambiar sus pautas alimentarias.

El artículo completo, muy interesante, aquí: http://elpais.com/elpais/2016/03/18/buenavida/1458338485_104752.html

 

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